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COMBATE AL RACISMO.* Mary Robinson * La Jornada jueves 23 de marzo de 2000

El surgimiento en Europa de una extrema derecha albergando nostalgia por un pasado nazi; los recientes ataques a inmigrantes en el sur de España; actitudes antiextranjeros en varios de los países más económicamente desarrollados de Africa; racismo institucionalizado en algunas fuerzas policiacas, y sistemas carcelarios; esta desagradable y, lamentablemente, incompleta lista, es un duro recordatorio de que la discriminación y la parcialidad están vivas y activas mientras nos preparamos para conmemorar el martes el primer Día Internacional contra la Discriminación Racial del nuevo siglo.

Atacar al racismo y la xenofobia debe ser una de nuestras prioridades principales. Está muy claro que la afirmación en el primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos --"todas las personas nacen libres y con iguales derechos y dignidad"-- no se ha convertido en realidad. Dónde y con qué estatus nace uno frecuentemente determinan los derechos que uno puede reivindicar y la dignidad de la que se disfruta. Se han dictado normas internacio- nales para la prevención y eliminación de la discriminación, pero las realidades sociales y políticas minan la promesa de la legislación de derechos humanos.

En septiembre de 2001 los gobiernos y representantes de la sociedad civil se reunirán en la Conferencia Mundial contra la Discriminación Racial para enfrentar estas deficiencias. Los delegados se encontrarán, apropiamente, en Sudáfrica para revisar acciones tomadas para combatir la discriminación desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando la repulsión contra el racismo y la xenofobia llevaron a la mayor parte de la humanidad a unir las manos y establecer Naciones Unidas, y a adoptar la Declaración Universal; una conclusión a la que inevitablemente han de llegar es que, 50 años después de ese tiempo esperanzador, el racismo y la xenofobia están creciendo nuevamente. Tan sólo en la última década hemos visto genocidio en Ruanda y limpieza étnica en la antigua Yugoslavia. Y hoy continúan ardiendo en fuego lento un número de crisis que desafían los principios del tratamiento igualitario:

*Pueblo indígenas han sido marginados y empujados a las partes más inhóspitas de sus territorios. Su derecho a tierras y recursos naturales es tenue o no reconocido. Organismos de derechos humanos de la ONU están elaborando normas para su protección y remedios a las violaciones, pero hay un largo camino que recorrer antes que los miembros de estos grupos puedan obtener la igualdad de hecho.

*Los trabajadores migrantes están frecuentemente sujetos a explotación y xenofobia. Son bienvenidos cuando hay escasez de mano de obra, pero son los pri- meros despedidos cuando aumenta el desempleo. El instrumento internacional presentado para asegurar sus derechos --la Convención para la Protección de todos los Trabajadores Migrantes y sus Familiares-- no ha sido ratificado por un solo país industrializado y no ha entrado en vigor. Los trabajadores indocumentados, contrabandeados o atraídos a otro país por falsas promesas, son particularmente golpeados por su estado ilegal. Muchas mujeres terminan en la prostitución forzada, sin atreverse a denunciar a sus explotadores, porque al hacerlo se arriesgan a ser devueltas a su país de origen para enfrentar la desgracia, la vergüenza, o algo peor.

*Las violaciones extendidas a los derechos humanos han creado un flujo masivo de refugiados. Mucha de la violencia y conflicto armado de los últimos años pudiera haberse evitado de haberse tomado acciones tempranas para eliminar la discriminación y responder a quejas justificadas. La comunidad internacional debe aceptar que algunos grupos absolutamente vulnerables pueden enfrentarse a condiciones que no dejan otra opción que la huida, y de suceder deberán ofrecer asistencia.

*El derecho al asilo se ha vuelto cada vez más difícil de ejercer debido a la implementación de políticas de no admisión por la mayoría de los países industrializados. Requerimientos para visas, sanciones contra aerolíneas, aislamiento de los solicitantes y procesamiento de solicitudes de asilo en el extranjero han llevado a un descenso significativo en el número de solicitantes de asilo. Como resultado, muchos posibles resultados no pueden escapar de la persecución en sus países de origen.

*La comunidad roma (gitanos) es sujeto de discriminación social en muchas naciones. Europa, en particular, se encuentra sin saber cómo manejar este asunto. Los esfuerzos paternalistas, aunque bien intencionados, por asimilarlos en las culturas occidentales dominantes han fracasado, y los estados europeos enfrentan la delicada tarea de asegurar condiciones bajo las cuales los romas pueden retener su identidad y dignidad sin ser sujetos de discriminación.

*La expresión del odio está en aumento. Los racistas han descubierto una nueva herramienta para hacer públicos sus prejuicios virulentos y destructivos. El odio puede diseminarse por Internet a un costo relativamente bajo y, en algunos países, sin riesgo de consecuencia penales. En Europa existe preocupación particular por esta nueva avenida de propaganda racista, y se están haciendo esfuerzos por controlarla. Sin embargo, los racistas ahora pueden diseminar su material odioso desde sitios basados en Estados Unidos, protegidos por la aplicación de las provisiones de la primera enmienda de la Constitución de ese país.

El mundo estará esperando que los delegados que se reunirán en Sudáfrica el próximo año vayan más allá de las obligadas y demasiado predecibles condenas contra el racismo. La conferencia mundial tendrá que lograr un compromiso colectivo renovado para implementar lo que prometió en los primeros años de la posguerra. El resultado debe de ser un plan de acción práctico para cumplir el voto de promover y fomentar el respeto universal de los derechos humanos para todos, sin distinción de razas, color, género ni origen étnico o nacional.

 

* La autora de este artículo es alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, y secretaria general de la Conferencia Mundial contra el Racismo.

 

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RACISMO

Es la doctrina política que sostiene que entre los hombres existen diferencias físicas y psicológicas que están genéticamente definidas por su grupo racial específico y que estas desigualdades provocan que algunos sean biológica e intelectualmente superiores a otros. Hacen referencia a rasgos físicos como el color de la piel, los ojos o el cabello y otras características a las que se les vincula con ciertas cualidades y comportamientos específicos y que forman parte de su cultura, religión o nacionalidad.

El racismo se manifiesta como una actitud de hostilidad y discriminación hacia los miembros que no pertenecen a la raza considerada como superior, ya que sus rasgos son negativamente valorados. Se afirma que los atributos raciales reflejan las variaciones en las habilidades y capacidades de la especie humana y explican los distintos niveles de desarrollo. Asimismo, se defiende su conveniencia para facilitar la integración social y política.

Este término se utiliza críticamente contra aquellos que apoyan este punto de vista y lo practican.

La discriminación contra diversos sectores de la población estuvo presente en las sociedades de la antigüedad, en forma de esclavitud y antisemitismo. Sin embargo, las teorías en que se fundamenta el racismo, se desarrollaron en el siglo XIX con los estudios y mediciones de los rasgos somáticos de diferentes grupos humanos.

Al pensador político francés, De Gobineau, se le considera como el padre del racismo, quien sistematizó todas las ideas acerca de las razas humanas que hasta ese momento se habían planteado. Identificó tres tipos: blanca, amarilla y negra. La blanca que tiene el cabello rubio y ojos azules y es dolicocéfalo, es la superior porque es noble, ama la libertad y el honor. La amarilla es materialista y carece de imaginación y, la negra no tiene inteligencia. Según él, las razas puras son mejores que los mestizajes ya que éstos producen la decadencia de los grupos humanos.

Esta teoría sirvió de justificación ideológica para el antisemitismo de los nazis, que para proteger a la raza aria de la "degeneración", se propusieron exterminar a los judíos. Al respecto Hitler señaló en su obra: " Mi lucha ", que ellos debían ser los "depositarios del desarrollo de la civilización " y conquistar y someter a las razas inferiores.

Otra de las manifestaciones crueles del racismo es la discriminación de los negros. Considerados como seres inferiores, los negros han sido tratados como esclavos en muchas partes. En los Estados Unidos ocurrió así durante más de un siglo y hasta la guerra civil. Aún después del decreto de la abolición de la esclavitud, fueron perseguidos por el Ku-Klux-Klan, una organización secreta fundada después de esa guerra, cuyo objetivo es defender la hegemonía blanca, mediante la intimidación y la violencia contra los negros ya liberados. Su hostilidad se extiende hacia los católicos, los judíos, los extranjeros, los trabajadores organizados y los hombres de ideas progresistas.

También en Sudáfrica, los negros han sufrido las consecuencias de la segregación, conocida como el apartheid. Este sistema fue instituido en 1948 y es la propuesta de los sudafricanos blancos para un desarrollo separado de las comunidades negras; esta política se extiende a la enseñanza, la vida social y económica y a toda clase de servicios públicos. Afortunadamente fue derrotado por el movimiento de Mandela.

El racismo en latinoamérica se ha presentado contra el indio, el negro y el mestizo. El escritor boliviano, Alcides Arguedas sostenía que el indio tenía una falta de previsión y carecía de sentido ético, lo cual estaba determinado por su genética. Decía que el mestizaje rebajaba al hombre e impedía su progreso.

Carlos Octavio Bunge, por su parte, dijo que el indio estaba dominado por la pasividad y el fatalismo y que de su mala sangre nacían los vicios políticos del caciquismo y el servilismo. Calificaba a los mestizos y a los mulatos como impuros.

No obstante, debido a la gran mezcla de razas en los países de América Latina, ésta se ha caracterizado por una aceptación mayor de las diferencias étnicas y los problemas de este tipo son menores a los registrados en Europa y los Estados Unidos. Inclusive en México, el movimiento cultural surgido como consecuencia de la revolución mexicana fomentó el orgullo de su herencia indígena.

El marxismo se manifestó en contra de las prácticas del racismo y las denominó reaccionarias, misantrópicas y anticientíficas. Son posturas de la burguesía que aplican a la política, con el fin de validar su actitud colonizadora e imperialista y los actos de violencia contra los miembros de otras razas. La clase dominante aduce que por su atraso social y económico, estos pueblos no están preparados para el desarrollo independiente.

El concepto de raza se ha debilitado cada vez más, ya que los estudios científicos más recientes no han encontrado ninguna evidencia de que haya razas puras y distintas. Tampoco se ha comprobado que todos los integrantes de una misma etnia sean iguales y piensen de la misma forma por su genética común, ni mucho menos que existan unas que sean mejores que otras.

Todos los argumentos dados por las teorías acerca de las razas humanas se han venido abajo, nada valida la hipótesis de que la mezcla de razas produzca algún deterioro biológico o que existan genes distintos que sean la base de ciertos patrones de comportamiento. En todo caso, las diferencias en el desarrollo que pudieran observarse, tienen su origen en factores externos y en prejuicios sociales inaceptables.

En los foros internacionales, el racismo es objeto de críticas y de rechazo, en 1965 en las Naciones Unidas se llevó a cabo la Convención Internacional para su eliminación. En su Asamblea General de 1970, considerando que esta intolerancia amenaza la paz y la seguridad universal de las naciones, la condena enfáticamente y llama a los Estados a adoptar medidas jurídicas y otros medios eficaces para liquidar rápida y definitivamente estas y otras ideologías y prácticas similares. Asimismo, en 1983 se fijó un plazo de diez años para darle solución al problema de la discriminación racial.

Más aún, en 1996 los quince países de la Unión Europea aprobaron una acción común para considerar como delito todo discurso a favor del racismo. Y España modificó su Código Penal para castigar con mayor rigor este tipo de acciones.

Pese a lo anterior, parecen existir en la actualidad, brotes de racismo en Europa. Las manifestaciones de agresividad en forma de xenofobia o discriminación, contra las personas o grupos en razón de su apariencia física, sus características étnicas, su lenguaje, sus costumbres o su religión, son cada vez más frecuentes. La responsabilidad de la exacerbación de este etnocentrismo se atribuye a grupos neofascistas y neonazis.

En los Estados Unidos, el Reporte de la Comisión Kerner dedicada a la investigación de las causas de los desórdenes civiles, advierte que esta nación tiende a dividirse en dos sociedades separadas y desiguales: la de los blancos y la de los negros. A pesar de que la erradicación del racismo es una política oficial, el problema se ha incrementado. De acuerdo con los informes de la Comisión de los Derechos Civiles de ese país, la discriminación, no sólo comprende a los negros sino que se ha extendido a otros grupos como los chicanos y los indios. Se manifiesta por medio de controles segregacionistas para la inmigración y la instauración de barreras para la igualdad de oportunidades.

Los estudios realizados en los Estados Unidos y Europa para averiguar las causas del racismo indican que los Estados y las instituciones gubernamentales han sido actores clave para mantener la segregación racial en varios países. Han encontrado que existe una estrecha relación entre la política, el poder y el racismo.

Tales estudios revelan que los grupos minoritarios y los trabajadores inmigrantes son a menudo excluidos de las instituciones políticas y se les niegan los derechos sociales y económicos básicos.

Por otra parte, algunas investigaciones empíricas sugieren que las actividades y tensiones producto del racismo se intensifican durante los períodos de crisis económicas especialmente entre aquellos cuyo status se ve amenazado.

Asimismo, se ha analizado cómo influyen los medios masivos para que se forme la imagen de las minorías raciales como individuos extraños cuya presencia es una amenaza para la cohesión social. De igual forma, se ha encontrado que existe una variedad de símbolos de tipo cultural que intervienen en la construcción de prejuicios de esta naturaleza.

De una u otra forma el racismo es un tema que permanece como un componente importante de la agenda política, en muchos países; por sus repercusiones en todos los ámbitos de la vida humana debe ser examinado desde muy diversas perspectivas, legales, económicas, sociales, políticas o culturales.

En México, a pesar de haber tenido a Juárez como uno de los más grandes Presidentes y de la revaloración de lo indígena que impulsó la Revolución Mexicana, no se ha vencido por completo el racismo fomentado durante trescientos años por la colonia. Este racismo soterrado y públicamente rechazado, se manifiesta de muchas maneras, desde los comerciales de televisión en los cuales sólo existe lugar para las personas con rasgos indígenas cuando desempeñan papeles de sirvientes y la discriminación laboral que prefiere gente "de tipo distinguido o con clase", hasta en los chistes que aluden a las personas con características indígenas o negras.

En su libro "México Profundo", Bonfil señala los estereotipos raciales que se atribuyen al indígena: "flojo, primitivo, ignorante, pintoresco...el lastre que nos impide ser el paìs que debíamos ser".

En el año 2000, una encuesta del diario "El Universal" levantada en las calles del Distrito Federal y municipios conurbanos del Estado de México, encontró que para los entrevistados (mayores de 18 años, hombres y mujeres) no existe racismo (43.4%), que existe en parte (36.6%) y que sí existe en nuestro paìs (20%); y que la discriminación por el color de la piel existe en parte (42.3%) o sí existe (18.8%), en tanto que el 38.9% de los encuestados respondió que no existe.  En mayo de 2005, el racismo que aun persiste en la sociedad mexicana, afloró en los labios del presidente Fox al señalar que los mexicanos realizan labores "que ni siquiera los negros quieren hacer allá en Estados Unidos", expresión que provocó la protesta enérgica de los principales líderes negros norteamericanos.

Desde luego, este racismo escondido prejuicia para bien o para mal a los electores, según sean las características físicas de los candidatos en competencia, si poseen rasgos occidentales nórdicos, como ojos azules o verdes, tez blanca o pelo rubio, los resaltan en sus retratos para aprovechar a su favor el racismo soterrado. Asimismo, el racismo puede emplearse abiertamente para conseguir votos. El senador norteamericano Helms utilizó durante mucho tiempo el factor racista para permanecer en su curul varias décadas; su propaganda electoral advertía a los trabajadores blancos que si no votaban por él, verían amenazado su trabajo, sus casas y sus vidas por las minorías raciales. Lo mismo han hecho políticos europeos alemanes y franceses.